ALABANZA
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ALABANZA

  |   Reflexions Golf i Empresa

Lo bueno del vuelo es que parece que se frene en el aire unos instantes y cae como aterrizando, no golpea el césped, lo acaricia…
-¿Tú crees? pues yo no había reparado en esto… no me había fijado.
-Sí, date cuenta, debe ser el efecto que le imprimes, puede de forma inconsciente, o te sale así, pero la bola levita unos instantes… es un efecto bello.
-¡Y yo que creía que me faltaba potencia!, y es que se frenaba…
-No sé si será eso pero me gusta el efecto Alberto…, dijiste que te llamabas Alberto, ¿no?
-Sí, sí y tú Ricardo, ¿verdad? Gracias por los comentarios. Me animan la vuelta.
Y es que Ricardo siempre hacía lo mismo. Al jugar con un desconocido procuraba alabar algún aspecto de su juego. Decía que al presentarse sus compañeros lo miraban con una cierta distancia, le llamaban de usted por la edad y no mostraban entusiasmo al ver sus primeros golpes, propios de handicap alto. Pero luego, al final de la vuelta, se apresuraban a repartir tarjetas y quedar con él para otro día.
La alabanza, decía Ricardo, es el secreto de la aceptación en los grupos, en la sociedad, en el deporte y por descontado en el trabajo. Un día escribió en su diario:
Mi amigo Carlos anotaba al inicio del año en su nueva agenda unas misteriosas letras en rojo cada 20 días… Estas letras eran siempre las mismas DAG. En rojo y en el extremo derecho del dietario. Destacaba el color ya que todo estaba escrito a lápiz, porque “las cosas y las reuniones siempre tienen tendencia a cambiar de fechas…”
Carlos es un hombre bueno. Además es listo. Quiere sacar el máximo provecho de las cosas y de los recursos que tiene para trabajar en una actividad comercial con ciento setenta personas en la línea de choque… Además quiere ser justo con la gente y se sabe a si mismo exigente. Sabe que cuando alguien hace algo erróneo no tardará en comentárselo pero duda de su grado de atención con las personas que lo hacen bien.
Anota en rojo, a la derecha de la página del dietario DAG y por la mañana, cada veinte días recuerda que debe felicitar a alguien, porque alguno de sus colaboradores habrá hecho especialmente bien su trabajo durante estos días. Piensa, recuerda y descuelga el teléfono. “Juan felicidades. Estuviste muy bien en el asunto…” no le dice más, no mezcla su felicitación con otras instrucciones aprovechando que lo tiene al teléfono… “Sólo quería decirte eso .Cuelgo que me llaman, ya nos veremos”. Es una felicitación sincera y sirve para dirigir.
Decir lo que hacemos bien nos cuesta más que destacar lo negativo. Somos así y podemos cambiar si aplicamos metodologías particulares como la de Carlos.
Por cierto, se preguntará el lector: ¿qué significará DAG?
La respuesta es lo de menos. Cada uno puede poner sus palabras al inmenso placer de felicitar sinceramente. En el caso del amigo de Ricardo es algo tan gráfico como Día de Acción de Gracias.
Sí, querido lector, una frase un tanto clásica pero efectiva para Carlos y, sobre todo, para el receptor de la llamada que se siente tan feliz como nuestro jugador, que ve, a partir de ahora, el vuelo de su bola suspendida en el aire con un suave aterrizaje que peina la hierba. Ya no piensa que le falta potencia en el golpe. Existen personas, jugadores, que reparten gratuitamente felicidad con el envoltorio de la alabanza sincera.

Don Alberto es un personaje de ficción habitual en mis reflexiones.
Ricardo es un empresario de éxito al que acabo de conocer.
Carlos, directivo. Coincidimos hace algún tiempo y su mensaje me acompaña.
Ambos son muy queridos por sus colaboradores y todos sus múltiples amigos.