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  |   En hores d'oficina, Elvira i Don Alberto

El cuello de la camisa molesta hasta que no pierde el apresto. Precisa tres o cuatro lavados y entre tanto uno se siente como envuelto en un rígido porta planos.
Además la corbata nueva, fruto del árbol navideño, requiere un cierto tiempo de adaptación a la justa medida del nudo. Todo ello enmarcado en una situación ambiental favorable, no son mas que pequeñas anécdotas. Si por el contrario, se sucede en momentos de tensión es otro tema.
Elvira ordenó la agenda de Don Alberto para que recibiera durante la semana a todos los integrantes de su equipo. Era el momento que de hacer el repaso individualizado del trabajo realizado. Comentar, analizar y por supuesto emitir un juicio critico sobre la actuación pasada. También se incluía en el orden del día la proyección de futuro de su personal. El formalismo, aunque con desafío aparente, era ritual y se ajustaba a la tradición.
En realidad toda aquella conversación tenía un único interés para casi todos los entrevistados: el tema económico. Todos los datos y explicaciones sobre la evolución del mercado se dibujaban en la mente del entrevistado como un camino que conducía a resaltar los méritos propios y hacer valer su extraordinaria capacidad de gestión y entrega incondicional a la compañía.
El roce de las camisas enrojecían sus cuellos y sus corbatas mal entrenadas posaban en asimétrica exposición ante la mirada serena de Don Alberto que apuntaba en un pequeño bloc de notas el color de los supuestos regalos navideños y el motivo que en ellos se dibujaba.
Había decidido hacer una encuesta personal sobre los gustos de las esposas de su gente. Un psicólogo de empresa le comentó un día lo importante que era averiguar hasta el más mínimo detalle de las personas sobre las que se ejercía mando. Este podía ser un ejercicio entretenido y, quien sabe, útil para sacar conclusiones por la vía estadística.
– Granate con dibujos de polo… Dígame Sergio, ¿cómo ve sus objetivos en la nueva línea de productos?
– Sinceramente, un poco altos. No digo que no sea posible pero con la situación actual habrá que contar con un sobreesfuerzo y no me atrevo a asegurar…- no podía entrar en el pesimismo ya que a continuación se trataba de comentar el incremento salarial del año- en fin, si se ha de hacer se hará.
– Esto mismo comentamos hace justamente un año y no ha sido exactamente así, replicó Don Alberto.
– Bien, año ha sido atípico. Se me ha cambiado la zona, la competencia se adelantó con el catálogo…
El cuello de la camisa apretaba con fuerza y Sergio temía que se le recordaran los impagados, su baja por enfermedad de casi un mes y la pérdida del principal cliente que, aunque no se considerase culpable, quedaba reflejado en los papeles con la frialdad de las cifras.
– Azul marino con listas multicolor… ¿Ha sido útil para usted el curso de formación que impartimos en mayo?
– Fue interesante. Al principio pensé en aplicar alguna de las técnicas pero luego… Yo, es que soy may escéptico. Cuando llevas tantos años en la venta ya tienes tu estilo y…
– El estilo no lo es todo. Habrá formas de plantear las cuestiones que influirán en el resultado.
– Sí, posiblemente… De todas formas con esta crisis dudo mucho que se puedan cambiar las cosas.
– El salario habrá que cambiarlo…
– Hombre esto es distinto. Claro que sí, aunque entiendo que la política de la empresa sea prudente en estas circunstancias.
– ¿Cómo sabe que es prudente…?
– En las grandes organizaciones se sabe todo.
– No puede saberse lo que todavía no hemos decidido. Usted sabe que esta conversación está pensada, entre otras cosas – afirmó sin convencimiento – para consensuar sus percepciones económicas futuras.
En realidad Héctor, veterano de la casa, sabía de antemano que se le incrementaría el salario base en un tres por ciento y se pactaría un porcentual superior al actual por la consecución de unas cifras de venta apetecibles aunque lejanas a los objetivos. De alguna cosa tenia que servir conocer a todo el personal de la empresa que se jactaba en haber “casi fundado”.
– Elvira, haga bajar la calefacción. Aquí nos ahogamos.
D. Alberto se sentía jugando en campo contrario aun estando en su despacho. Era el intérprete de una obra escrita de antemano y ya publicada a sus espaldas. La veteranía era realmente un grado. Los masters que decoraban sus paredes eran pura estética y las decisiones se tomaban desde otros centros de poder.
Sentía su camisa como almidonada y se aflojó el nudo de la corbata que, por cierto, verde oscuro con pequeños hexágonos azul y beige. Era horrible.