SI IMAGINO, VEO…
8524
post-template-default,single,single-post,postid-8524,single-format-standard,elision-core-1.0.9,ajax_fade,page_not_loaded,qode-theme-ver-4.3,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive
Title Image

Blog

SI IMAGINO, VEO…

  |   Reflexions Golf i Empresa

Don Alberto, jugador apasionado recuerda siempre aquel golpe que le proporcionó un birdie y aquel “casi hoyo en uno” que consiguió en el par tres de… Ha olvidado las decenas de bolas perdidas fuera límites o en los lagos que se le han cruzado en su camino por esos campos de Dios.
“Si imagino, veo”…, decía Pessoa.
Y es que está todo en nuestra mente, en nuestra fantasía avivada por las imágenes del pasado. Don Alberto ve como vuela la bola por encima de aquel sauce y se arrima con elegancia a la ladera que le da un postrero impulso para colocarla en green, rodando, ya frenada y cansada por el viaje ascendente en dirección inequívoca a la bandera que se muestra receptiva, como si abriera sus brazos envolventes esperando su bola…
Nuestra mente es la causa del auténtico placer del golf. Es curioso que, ya en el bar, tomando la clara habitual que a manera de epílogo sucede al partido, uno puede escuchar los relatos de Don Alberto, compañero de juego, que parecen ciencia ficción y son, literalmente, otro partido.
Nuestra mente es asimétrica y eso nos ayuda a subsistir. Recordamos lo bueno del pasado y además con el paso del tiempo lo magnificamos de tal manera que si tratamos del tema de golf, nuestro handicap histórico sería siempre de un solo dígito.
Hoy Don Alberto ha jugado fatal. Independientemente de las historias que está hilvanando con una elocuencia digna del orador más persuasivo, ha jugado fatal. No hay más que dar un vistazo a su tarjeta. Él parece haberlo olvidado porque tiene deseos de volver. El deseo de volver es fruto de nuestra imaginación y de la frase de Pessoa. No han pasado ni veinte minutos desde que hemos dado el último putt fallido y ya estamos “imaginando” el futuro. Al poeta portugués se le conoce como el de los heterónimos. Él firmaba con otros nombres, pero no eran seudónimos o anónimos, se trataba de transportarse a otra personalidad y escribir en un estado un tanto esquizofrénico. Sus otros nombres, respondían a otros comportamientos.
Eso me recuerda a Don Alberto, porque no es posible que esté contando sus experiencias reales oyendo este relato de sus golpes. Don Alberto es el golfista heterónimo.
Está reservando salida para pasado mañana. Mañana no podrá, tiene comité. Piensa en el hoyo tres, el que hoy le ha costado un nueve en su tarjeta pero con cerrar un poco la cara del palo es fácil colocar la bola lejos del bunker de la derecha. Luego un segundo golpe “normal”, como los de siempre, sin tocar excesivamente el húmedo césped y consiguiendo esos ciento veinte metros que se precisan. Dos putts y ya está, un birdie sin problemas. Lo de hoy ha sido excepcional. Excepcionalmente malo, pero ya está olvidado. Si imagino, veo…
Ni hay felicidad falsa,
mientras dura es verdadera.
¿Qué importa lo que la verdad exalta
si soy feliz de esta manera?…
Fernando Pessoa
(del poema Tu voz habla amorosa.)